Las Conferencias Aburridas

Jueves, 7 Agosto   

El palabrero es un discurstante que rellena prácticamente todos los espacios con palabras.

Rara vez hace pausas de reflexión. Sus presentaciones están saturadas de explicaciones y argumentos convincentes, pero carecen casi por completo del calor de amistad y tono conversacional típicos de una conversación. Hablan al auditorio en vez de con el auditorio.

Su actitud suele dar la impresión de satisfacer una necesidad personal de hablar, no de compartir o intercambiar algo contigo. Solo parece un mensaje unidireccional, un “yo hablo y tú escuchas”, no un “conversemos”.

Ahora bien, es cierto que no es posible conversar con mil personas, pero a menos que realmente se trate de un anuncio unidireccional, en que el auditorio solo debe oír instrucciones procedentes de un organismo o entidad superior, la empatía exige un tono conversacional que dé lugar a un sentimiento de intercambio.

En pocas palabras, los discursantes suelen tender a ser palabreros, mientras que los conferenciantes a ser conversadores. Los discursantes no acostumbran a hacer pausas, mientras que los conferenciantes hábiles insertan una extraordinaria variedad de pausas.

Nada de esto significa que la conferencia sea superior al discurso, o viceversa. Cada uno tiene su propio estilo y forma de llegar a la mente y corazón del oyente. En ocasiones, conviene presentar la información como un discurso, y otras, como una conferencia. Por eso, si las circunstancias lo permiten, se logran excelentes resultados combinando los estilos del discurso y la conferencia dentro de una misma presentación.


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